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Mi hijo estaba disputando un partido de fútbol contra niños del Laude en un torneo amistoso de fútbol de colegios internacionales. Recibió una entrada durísima en el tobillo por parte de un jugador de Laude. Él sintió que salía volando.
Al salir despedido, tuvo la mala fortuna de chocar de cabeza contra un poste de hierro que había en el borde del campo y se quedó inconsciente unos segundos. Cuando despertó, sintió un dolor horrible en la cabeza, pero a su vez, también se sintió muy dolido y humillado por la actitud totalmente antideportiva de los jugadores de Laude.
El chico que lo lanzó al aire, viendo que había chocado contra un poste y había quedado inconsciente por su entrada, ni siquiera se acercó a pedirle perdón. Al contrario, fue junto a él con otros jugadores de su equipo y empezaron a reírse de él, mientras mi hijo comenzaba a llorar. Y, lo que es peor, no contentos con eso, empezaron varios de ellos a gritarle con rabia insultos, repetidas veces.
El mismo día de los hechos, escribí al director, pero le dio exactamente lo mismo. No contestó a mi correo y contestó en su lugar un profesor, diciéndome que hablara con el colegio organizador del torneo. No había ningún colegio organizador del torneo y, aunque lo hubiera habido, no iba a ser responsable del mal comportamiento de los alumnos del Laude. Echaron balones fuera totalmente y ni siquiera preguntaron cómo se encontraba mi hijo ni se preocuparon de si estaba bien. Todo ello, tras haberles informado yo el mismo día detalladamente de la gravedad de lo ocurrido y haberles enviado el parte médico del hospital.
Por suerte, había una ambulancia en el campo. Tras el golpe, me llamaron por teléfono y mi hijo apenas podía articular palabra. Hablé con la doctora de la ambulancia y le dije que al estar mi hijo muy mareado no me parecía conveniente que volviera a casa en el autobús del colegio y que deberían verle en el hospital. Coincidió conmigo y lo llevaron en la ambulancia al hospital acompañado de un profesor. Estuvo en el hospital en observación varias horas y salió de allí muy débil y mareado, continuando en observación en casa.
Por otro lado, es muy desagradable y triste que un hijo salga de casa feliz por la mañana porque va a practicar su gran pasión, que es el fútbol, y vuelva en ambulancia debido al comportamiento salvaje de unos niños que en lugar de ir a disfrutar de un deporte, parece que van a hacer el máximo daño posible y, una vez hecho, se muestran orgullosos y satisfechos de lo que han hecho y se dedican a humillar al herido. Cualquier niño con un mínimo de educación y valores, en una situación así, estaría preocupado por lo que ha hecho, sentiría empatía por su rival herido y le pediría disculpas. Pero parece que esto no es lo que hacen ciertos jugadores de Laude, sino todo lo contrario: reírse de la persona que han lastimado e insultarla mientras está en el suelo.
Los niños que gritaban insultos a mi hijo totalmente destrozado y conmocionado por el golpe en la cabeza, no se merecen jugar ni un solo partido más representando a Laude frente a otros colegios. Pero para eso tendría que implicarse el profesorado y la dirección y, en mi caso, la implicación fue nula. Seguramente, con tal de ganar un partido en un torneo amistoso, les pareció bien este comportamiento deplorable e igual incluso lo fomentan.
Por tanto, por la imagen que dan sus alumnos y la reacción del director, colegio HORRIBLE en términos de educación y deportividad.